Lula da Silva negó el pago de sobornos y señaló que en 2005 se le informó que la oposición deseaba abrir un juicio político en su contra tras el escándalo desatado en su gobierno por los supuestos chantajes.
“Cuando salga de la Presidencia me enteraré mejor (sobre el escándalo), pero como Presidente no puedo hacerlo”, agregó.
Asimismo, el mandatario manifestó estar convencido de que dirigentes de su partido fueron víctimas de una trampa.
El diputado del conservador Partido Laborista Brasileño (PTB), Roberto Jefferson aseguró que su agrupación recibió pagos mensuales del PT a través de una red ilegal operada por el empresario Marcos Valerio, a cambio de apoyar el gobierno en votaciones del Congreso de la nación brasileña.
Por otra parte, Lula admitió que es mala su relación política con su antecesor Fernando Henrique Cardoso y aseguró que el ex presidente siente envidia, y que no acepta que un “obrero haya realizado un gobierno mejor que el suyo”.
Representantes del Gobierno brasileño dijeron en esa época que todas las denuncias de corrupción serían investigadas y afirmaron que el presidente Lula es víctima de enemigos políticos.
En junio de 2005 el presidente brasileño dijo, sin evadir las acusaciones, que tenía en sus hombros responsabilidades que van más allá de la preservación de las instituciones. “Una biografía por conservar, un patrimonio moral, una historia de décadas en defensa de la ética en la política”, expresó.
Asimismo, manifestó que “no vamos a encubrir a nadie, quienquiera que esté involucrado, cortaremos de la propia carne si es necesario”.
Lula advirtió que no puede anunciar medidas unilaterales que eliminen de una sola vez toda la corrupción en su país. “No serán panaceas que nos ayudarán a enfrentar problemas que llevan décadas, cuando no siglos”.
Fuente: teleSUR-Aporrea













